Enseñando "suelo" a mi perro.

Cesar Guzmán  

 

Enseñar a un perro a permanecer tumbado en cualquier sitio, durante el tiempo que necesitemos y pase lo que pase a su alrededor, es una tarea compleja, tanto que me atrevería a decir que es el ejercicio de obediencia en el que más difícil resulta conseguir la perfección, pero a la vez es uno de los que sacaremos mayor partido y calificaría de esencial en un buen adiestramiento.

 

Puesto que es una de las órdenes que más vamos a utilizar y mejor nos va a venir en muchos aspectos de la convivencia con nuestro perro no deberiamos descuidarla y le prestaremos especial atención, poniendo la dedicación necesaria para que nuestro perro aprenda correctamente éste ejercicio.

 

Hay diversas situaciones que han vivido y viven muchos dueños cuando su perro no está educado en el ejercicio de tumbado, Por ejemplo, cuando recibimos visita en casa y es avasallada nada más entrar, o queremos hacer barbacoa y vemos que el perro no para de incordiar, en este tipo de situaciones muchos propietarios no encuentran otra alternativa que encerrar o atar al perro, que en muchos casos ni si quiera acaba resultando ser una solución satisfactoria, porque nuestro buen amigo al separarlo de nosotros o atarlo le da por ladrar para llamarnos la atención o exigirnos que lo liberemos.

En otros casos el problema no es tan casero, por ejemplo cuando decidimos salir a tomar algo a una terraza y nos aventuramos a llevarnos al perro para que pasee, ignorando lo que va a suceder una vez en la terraza . Esta buena familia llega se sientan, y mientras realizan su pedido, están "peleándose" para que su perrito permanezca tranquilo y deje de intentar saltarle al camarero, finalmente al rato parece que nuestro amigo se va relajando y eso nos da la confianza suficiente para soltar la correa en el suelo mientras la mantenemos pisada o en el peor de los casos le hacemos un imprudente y generalmente tenue nudo a la pata de la mesa, conductas que no hacen más que evidenciar nuestra intranquilidad respecto a la conducta de nuestro buen amigo....si, si...os lo podeis imaginar...tal y como lo recuerdo un lindo gatito fue el detonante, nuestro buen amigo "Ron" que así se llamaba salió tras él como alma que lleva al diablo, arrastró la mesa tras de si unos metros hasta que el nudito se soltó enganchando a su paso alguna mesa más, su dueña corría despavorida tras él llamándolo a grito limpio mientras cruzaba calles de una forma temeraria....Gracias a dios todo quedó en una anecdota que tras el susto inicial nos hizo reir un poco.

 

Aunque todo esto pueda resultar gracioso a priori la verdad es que es muy embarazoso para el propietario del perro y puede resultar peligroso ya que provocar un accidente, en una situación de estas cualquier cosa puede suceder y no hay excusa, somos responsables de los actos de nuestras mascotas.

 

Que nuestro perro se tumbe y se quede quieto cuando se lo pedimos es impagable, mejorará la convivencia con nuestro perro y disfrutaremos mucho más de él, porque si el perro realiza bien este ejercicio, lo sacaremos más, no ya sólo cuando salgamos a pasearlo para que haga sus necesidades, sino también al ir a tomar algo, al ir de compras, etc. En cualquier momento podremos sacar a nuestro perro sin miedo de tener que dejarlo tumbado durante un rato, en la puerta de una tienda.

 

También nos vendrá bien la orden de tumbado, antes de meter en el coche al perro. Supongamos que nos vamos de viaje, tumbamos al perro al lado del coche e introducimos el equipaje y cuando está todo listo le damos permiso para que entre al coche. Si no se hace de ésta manera el perro se cuela primero, hay que volver a sacarlo y antes de que hayamos terminado de meter el equipaje se nos ha vuelto a colar...etc, al final esto resulta ser un alboroto, de tensión y nervios.

 

Cuando volvemos a casa, más de lo mismo, antes de entrar, tumbaremos al perro, abriremos la puerta y el perro deberá esperar que el dueño le dé permiso para pasar.

 

Situaciones en las que nos va a ser útil esta orden, hay infinidad, por lo tanto siendo tan útil, deberiamos enseñársela a nuestro perro, pero ¿Cómo?, pues con un poco de paciencia y constancia:

 

Las primeras clases no han de ser largas, con unos minutos bastará, aunque posteriormente deberemos ampliar ese tiempo poco a poco, hasta conseguir tener al perro tumbado y quieto el tiempo que nos sea necesario.

 

El primer paso será enseñarle a nuestro perro lo que queremos que haga cuando le pedimos "tumba" o "suelo", que no es más que adopte la posición de tumbado en el suelo y permanezca así hasta que le demos permiso. Para conseguir este objetivo usaremos preferentemente técnicas de evitación o escape (el animal realizará el ejercicio para evitar que lo castiguemos). El hecho de que haya escogido ésta metodología es simple, es porque la alternativa metodológica es mediante refuerzo positivo, y difícilmente conseguireis que un perro sea fiable en este ejercicio trabajando en refuerzo positivo, ya que generalmente en cuanto aparece cualquier distracción de intensidad media o elevada nos dejarán con el culo al aire, podeis estar seguros de ello.

 

Una vez definidio el marco en el que debeis trabajar si quereis una realización del ejercicio fiable, empezaremos por enseñarle a tumbarse a petición, lo asiremos de la correa junto a nosotros lo sentaremos y a la vez que le pedimos "suelo", tensaremos y mantendremos la tensión de la correa hacia el suelo hasta que el perro ceda y se tumbe, entonces premiaremos efusivamente"¡bien suelo!" mientras lo acariciamos. Si se levanta o pone especial resistencia volveremos a sentarlo y repetiremos este proceso hasta que se tumbe y podamos premiarlo. Generalmente en pocas repeticiones empiezan a hacerlo por si mismos cuando se lo pedimos, entonces sólo nos queda enseñarles que deben permanecer en suelo hasta que le demos permiso.

 

Una vez que ya le decimos al perro "suelo" y se tumba, iremos al siguiente paso que consiste en que el perro permanezca tumbado y nosotros nos distanciemos unos pasos. Esta vez mostrándole la palma de la mano le diremos "quieto" y nos retiraremos unos pasos. Si se levanta hay que indicarle "¡no!,... suelo!"e ir y tumbarlo otra vez, aunque inicialmente no interprete exactamente que es lo que pretendemos, tras sucesivas repeticiones adquirirá una idea clara:

"cuando estoy en suelo y me levanto sin permiso me castigan y me vuelven a tumbar luego mejor me quedo quieto". Para que esta idea cuaje correctamente deberemos hacer las primeras repeticiones cortitas, acercándonos y premiándolo por haber esperado. Al premiarlo aquellas veces en las que ha permanecido quieto y ha completado el ejercicio correctamente, el puede ver facilmente la diferencia entre quedarse quieto "me felicitan" y moverse "me castigan y me vuelven a tumbar". Una vez conseguido este objetivo deberemos ahora si, aumentar progresivamente el tiempo que permanece en suelo.

 

Recordad que las primeras clases deben ser breves; avanzaremos más con 5 minutos de trabajo bien hecho que pasándonos de tiempo lo que supondrá que el perro se cargue de estrés y se embarulle el entrenamiento. Sucesivamente iremos aumentando el tiempo y también nos iremos distanciando del perro, si al alejarnos se levanta para venir con nosotros, un no contundente y lo llevamos donde estaba o un poco más atrás de donde lo habíamos tumbado. La finalidad de esto es que el perro deduzca que por mucho que avance no llegará donde estamos nosotros, al contrario, cada vez lo situaremos más lejos. Es decir si se levanta hay que llevarlo al mismo sitio donde lo habíamos tumbado o incluso más retrasado.

 

Además hay que tener en cuenta que los perros rigen su conducta por la relación costes y beneficios, si al perro le merece la pena levantarse porque el coste es mínimo (estímulo aversivo mínimo o nulo) se levanta y obtiene su beneficio, que en este caso sería hacer lo que él quiere, pero si existe un coste al levantarse, que sería en este caso el tirón de collar, ya no le merece la pena, se lo piensa y permanece quieto.

 

Siendo constantes y con paciencia lograremos que nuestro perro se tumbe y se quede quieto en unas pocas clases.

El adiestramiento en obediencia en los perros es fundamental y no importa la raza o el tamaño del perro, todos los perros se adiestran en obediencia. Con nuestro perro educado podremos ir a cualquier parte, incluso ir a una terraza a tomar unas cervezas, eso si, a una donde aún nos permitan entrar con nuestro buen amigo Ron.

 

Un Cordial Saludo.

Cesar Guzmán