La relacion de los perros con otros animales.

Eva Dengra  

 

Los perros odian a los gatos, persiguen a los zorros, son amigos de los caballos, se comen a los pájaros y algunas razas trabajan pastoreando con ovejas mientras otras las matan.

Son gregarios, les gusta vivir en grupo y conviven con el hombre desde hace miles de años, con sus costes y sus beneficios.

En gran medida dependen en sus tareas de supervivencia y reproducción como en cualquier faceta de la vida del material genético heredado de los padres y sobre todo, del aprendizaje y el "imprinting" (la impronta) en la fase de socialización.

Y… ¿qué es la impronta? Por impronta o troquelado ( imprinting ) se entiende el proceso ( o procesos ) por el cual un miembro de una especie dada adquiere preferencia por interactuar social o sexualmente con determinado tipo de individuos.

Los primeros pasos de los perros durante sus encuentros con otros animales, bien sean éstos de la misma especie o distinta, siguen unos esquemas de comportamiento, relativamente estables.

Los perros se comunican entre sí, mediante señales corporales, fónicas y olores químicos. Cualquier movimiento del rabo, de las orejas o de otras partes del cuerpo y cualquier sonido que emita el otro animal se interpreta según un lenguaje canino.

La posición de las orejas y la cola nos dice mucho acerca de su estado de anímico. El encuentro de dos machos que se desconocen, es como un ritual: se acercan el uno al otro con pasos airosos y con la cabeza y la cola erguidas . Los perros más inseguros, se empequeñecen agazapándose, y levemente echando las orejas hacia atrás, mantienen la cola apretada entre las patas y no dejan que otro perro les huela por detrás, en cambio un perro dominante ( Alfa ) se agranda erizando el pelo de la nuca y el espinazo, se pone rígido y tenso y clava en su la mirada en los ojos de sus "adversarios".

La mirada fija suele ser señal de amenaza, si el dueño de un perro mira fijamente a su perro, por regla general el animal desviará la mirada y se mostrará sumiso.

Aquí es dónde surge el problema con muchos animales, al hablarse con lenguajes diferentes, les lleva a una mala interpretación de muchas señales.

Por ejemplo: perro y gato, muchas de las veces no pueden entenderse entre otras cosas, porque las señales emitidas entre ellos tienen distintos significados. Al acercarse un perro a un gato el gato le mirará fijamente al perro, así que el perro con la cola levantada verá que el gato no desvía la mirada con lo que se lo tomará como que el gato le está amenazando aunque para el gato la amenaza venga de la posición de la cola y el lomo erizado (para decirle al perro lo grande que es …), si el gato se queda quieto será muy raro que el perro le ataque, normalmente atacan y persiguen a los gatos, cuando estos echan a correr porque se le levanta el instinto de caza lo que le incita a correr tras su presa.

Cuando el perro se comunica con el hombre, frecuentemente es malinterpretado, no entienden determinados despliegues conductuales que tiene su perro y se comportan de forma incorrecta.

Puesto que la comunicación, como todos sabemos, consiste en la transmisión de un mensaje entre un emisor que lo codifica según un código y un receptor que lo debe interpretar o decodificar según ese mismo código. La comunicación implica intencionalidad por parte del emisor: esta intencionalidad puede objetivarse en un proceso por el cual la conducta de un individuo afecta a la conducta de otro individuo.

En realidad, los etólogos hablan de comunicación cuando la conducta de un individuo cambia la probabilidad de aparición de una determinada conducta en el receptor.

Muchas veces este mal entendimiento entre el dueño y su perro, provoca la “ humanización” del animal, y siempre tenemos que tener muy presente que todos los perros descienden del lobo, no son niños.

Misma filogénesis, distinta ontogénesis.

La impronta, es de gran importancia, ya que gatos y perros, que hayan vivido juntos desde pequeños son capaces de comprenderse y de comportarse según esquemas comunes (esto puede extenderse a la relación de perros con otros animales)

El perro y el gato cuando logran superar el problema de comunicación empleado en sus lenguajes diferentes, son capaces de comprenderse y comportarse tranquilamente unos con otros en la mayoría de situaciones.

El perro no encuentra ninguna dificultad en vivir también con otros animales. Lo importante es que el cachorro haya tenido ocasión de socializarse y por tanto desarrollar la capacidad de comunicarse y fraternizar también con otros individuos.

Unos cachorros que durante el período de socialización, viven junto con ovejas o con vacas, desarrollan la capacidad de comunicarse y fraternizar con estos animales también de adultos sin ningún problema.

De este modo, es como precisamente los pastores, además de disponer de razas genéticamente predispuestas y adaptadas para este fin, han tenido y continúan teniendo, la costumbre de hacer convivir a sus perros con sus rebaños y sus manadas.

Con una buena socialización es posible ver a perros y gatos juntos, quizás no jugando, pero si compartiendo hogar.

 

Un Saludo

Eva Dengra