La perdida del territorio.

D. Antonio Pozuelos J. de Cisneros  

 

Llega para los cristianos pertenecientes a la especie elegida, la festividad que celebra el nacimiento del mejor de ellos. Nuestro Hacedor nos creó, según nuestras creencias, a su imagen y semejanza pero también hizo aparecer en nuestro mundo a millones de especies para que nos acompañaran en nuestra andadura hacia la búsqueda de la perfección. Entre esas especies se encuentra la de nuestros buenos Truco y Kika.

Ellos "quisieron" acercarse a nuestros antepasados "pensando" que en la unión con nosotros, encontrarían ese peldaño evolutivo al que aspiramos todos los seres vivientes. Así, nuestros actuales perros comparten territorio, manada y recurso con aquellos descendientes de los hombres del Paleolítico; nosotros.

Los seres humanos hemos evolucionado hacia formas más inteligentes y más hábiles. Hemos dominado a todas las especies, hemos adaptado la naturaleza a nosotros y hemos adquirido vicios sociales como el aumento desmesurado del egoísmo y la despreocupación por los de nuestra propia especie.

Si nuestro sistema social aísla, en muchas ocasiones, al débil y llega a rechazar a otro espécimen por una diferencia cultural, lingüística o morfológica, ¿por qué no iba a hacer lo mismo con un simple perro?

A lo largo de 32 artículos he aconsejado al amable lector sobre los cuidados necesarios para su compañero, le he dado recetas y trucos de convivencia, le he instado a elegir correctamente al que ha de compartir su existencia con él y he tratado de enseñarle lo fácil que es obtener un animal educado y sociable. ¿Quizás se me olvidó hablarle del dolor que podemos acarrear a Truco si lo expulsamos del territorio? ¿Fue culpa mía el no advertirle del sufrimiento que podemos causar a un pobre animal amigo cuando lo privamos, para siempre, de la presencia de su dueño?

Lo considero a usted lector, tan inteligente o más que yo, tan amigo de sus amigos como yo y tan implicado en el "drama ínter específico" como yo pueda estarlo. Aún así, algunos de ustedes me mandan artículos, fotos y relatos que muestran que muchos miembros de nuestra especie, por considerarla la elegida, desprecian a otras tan entrañables como la de Truco o Kika. Sea o no culpable de estas conductas humanas, no puedo evitar pertenecer a la especie que las practica y esa vergüenza ajena me lleva a escribir estas tristes líneas en una época del año en que todo debería estar acompañado por la alegría ante la llegada "del que nunca se equivocó".

Somos muy dados a regalar cachorros de perro a nuestros hijos en nombre de los Reyes Magos, Papá Noel o San Nicolás pero también olvidamos con frecuencia que no deben ser los niños los que adquieran la responsabilidad de la cría y educación de nuestros perros. Deben ser sus compañeros pero nunca su obligación. Estos cachorros crecen y estorban, ensucian y molestan si no dedicamos parte de nuestro tiempo en socializarlos y educarlos y, muchos de ellos, son expulsados del territorio cuando comienzan a adquirir el sentimiento de manada.

El territorio, como ya les expuse, es una extensión más o menos grande de terreno o espacio donde el animal lleva a cabo sus funciones de supervivencia y, algunas veces, las de reproducción. Es un bien sagrado y tremendamente apreciado por Truco. En él está su recurso, su guarida, su protección y sus "amigos" humanos. Perderlo significa para él algo peor que la muerte -a la que no teme ni conoce-, algo peor que para nosotros el destierro y la pérdida de nuestra familia. ¿Somos capaces de producir este sufrimiento en un animal amigo? Verán ustedes que sí.

Me susceptibilicé con un documento que me fue enviado por una joven española y me entristeció, aún más, la imagen que les expongo de un Truco cualquiera expulsado de su territorio. Les ruego se fijen en la actitud del pobre animal que un día tuvo amigos, manada y recurso. No me podría imaginar que el desalmado de mi perro fuese capaz de cometer conmigo esta villanía y Roco, no es más que eso; un perro.

Él no sabe que, pasados unos días y si nadie lo reclama o adopta, será sacrificado. Tampoco le importaría en absoluto ya que su expresión de pena obedece al dolor ocasionado por la pérdida de su territorio.

Les he seleccionado unas líneas del documento que envió la joven; las líneas que más me han impresionado.

"Ves jaulas de un metro de altura la pared, en las que te tienes que asomar para ver los animales allí hacinados, pudiendo haber incluso en un mismo chenil 7 u 8 animales rebozados en sus propios excrementos, tísicos, muchos de ellos con heridas de mordiscos de allí dentro mismo, animalitos ... ¡Los más débiles no comen, no salen del agujero, no se mueven!"

Animales enfermos, con sarna u otras enfermedades con animales sanos, madres pariendo cachorros porque sus maravillosos dueños -que tantos años han tenido a la mamá en casa- no los quieren, en aquel suelo frío y húmedo. ¡Húmedo! Sí, los cheniles no son limpiados con desinfectante ni con los animales fuera. Se limpian únicamente con una manguera, y como si el animal fuera parte de la jaula.
¿Creen que en diciembre eso lo soportarán todos los perros? Por otra parte, los cheniles húmedos, para quien no lo sepa, es un foco de infección donde los microorganismos pululan a sus anchas. Eso por no hablar de la comida, a base de cereales y sin pienso para gatos ni para cachorros, los cuales durante su estancia allí no comen. Todos esperan su sacrificio; nos miran con esos ojitos llenos de esperanza, de tristeza... saben lo que les espera, estoy segura.
Quien haya ido alguna vez a una perrera lo habrá notado. Nos lloran, nos chillan los hay que se suben por la pared de su celda en un vago intento de escapar o de que les veamos. Al día siguiente, jueves, sacrifican a los que hayan "cumplido". Cristina Méndez Paredes. Badajoz (España)

Este tremendo relato proviene de cualquier punto de un "país desarrollado" pero es la imagen del abandono de miles de Trucos y Kikas.

Estamos en Navidad y, por encima de todo, sigo creyendo en la bondad del ser humano y es por eso, amable lector, que además de felicitarle las fiestas le ruego que coloque su granito de arena en esta tarea educacional. Sé que usted no precisa de estos terribles recordatorios pero envíeselo a quién usted crea que sí lo necesita.

Feliz Navidad.

 

 

 

D. Antonio Pozuelos J. de Cisneros