Sarna con gusto sigue sin picar.

D. Antonio Pozuelos J. de Cisneros  

 

Otro comportamiento de nuestro perro que ocultamos a los amigos es el de pedir, o mendigar comida, mientras nosotros nos alimentamos. ¿Cómo es posible que nuestro animal, un perro totalmente adiestrado, practique unos de los quehaceres que más nerviosos ponen a sus dueños? Si alguien me pregunta si Roco lo hace, no tengo más remedio que mentir como un bellaco y sentenciar: ¡Solo come cuando se le da algo en su escudilla y después de recibir su contraseña de alimentación! Es una mentira a medias pero mentira al fin y al cabo.


Truco el oportunista

Cuando un perro ha sufrido años y años de adiestramiento, conoce más de 100 vocablos, comprende a la perfección el estado anímico de sus dueños y se considera uno más de la manada humana, desarrolla una serie de hábitos derivados de su capacidad de aprendizaje súbito, que nos hace pensar que el canalla de él se adelanta a nuestra acción y, muchas veces, a nuestra capacidad de pensar.

Realmente el problema comienza de una forma imperceptible. No nos damos cuenta de que nuestro animal comienza a ejercer sobre nosotros un condicionamiento de los que, hasta ahora, le hemos hecho sufrir. Esa clase de condicionamiento nos lleva a pensar que Truco jamás nos desobedece, que es un ejemplo de educación cívica y que, bajo ningún concepto, licitaría una conducta reprochable......¡Así de listos son los granujas de ellos! Antes de darnos cuenta, tendremos sarna, nos agradará y no nos picará.

Les pongo un ejemplo de condicionamiento al que nos tiene sometidos nuestro viejo Roco y, por supuesto, su manada. Tómeselo el amable lector como algo que su perro no debe hacer pero que hace el amigo de este humilde escritor.

Ya les conté que mi madre adquirió la costumbre de darle un trozo de pan duro por la mañana a cada uno de mis perros. Ella dice, y tiene razón, que el pan es bueno para aligerar su tránsito intestinal y que además, contribuye a la limpieza de su boca. Para dárselo inventó la palabra "chusquillo". Al oír el agradable vocablo los componentes de la manada se sientan espontáneamente, fijan la mirada en el "poseedor del tesoro" y chorrean babas como el perro de Paulov. Después de recibir su porción de pan se dispersan, desaparecen como alma que lleva el diablo y se recrean en el mordisqueo del mendrugo. ¡El jefe no nos ha visto!

El segundo paso también lo dio mi madre hace muy poco tiempo. Ella siente predilección por el viejo Alfa e incapacidad para tirar un trozo de pan a la basura. Es por ello que, al terminar de comer, vuelve a suministrar su chusquillo a cada uno de los perros presentes en el comedor. Todos han estado en su sitio mientras comíamos pero cuando los canallas presienten que el ágape llega a su fin, fijan insistentemente la mirada en mi madre y en mí. De ella quieren el mendrugo, de mí; el permiso para comérselo.

Creo que entienden hasta que mi madre, al fin y al cabo mi Alfa jerárquica, hará lo que quiera con su pan y sin mi permiso. Si yo les doy la contraseña de alimentarse, bien pero si no se las doy; también. Los "chusquillos" desaparecen.

Hace poco, unos amigos vinieron a casa a pasar el día con nosotros. Durante la mañana todo fueron alabanzas hacia la educación de nuestros perros. Cociné un plato típico español (paella) mientras mi manada hacía caso omiso del pollo, mariscos y demás condimentos del oloroso guiso.

Les pregunté si les molestaba la presencia de mis perros a la hora de comer y me contestaron que tratándose de animales tan educados y tan poco molestos, no les importunaba en absoluto.

Al acabar la comida e inmerso en la conversación, no advertí la maniobra del osado y viejo semental...¡Si no hay chusquillo, habrá que agenciárselo!

Un invitado jugaba con un trocito de pan, dándole vueltas entre los dedos, mientras el granuja de Roco fijaba sus ojos en el ansiado tesoro. Su capacidad de aprendizaje súbito le hizo resolver el problema de la falta de orden de alimentación. Con un movimiento imperceptible le arrebató el mendrugo de entre los dedos y huyó seguido de las hembras hasta el refugio del jardín. Mis invitados quedaron sorprendidos y yo, abochornado.

Cuanto más adiestramiento le demos a nuestro Truco, más capacidad para inventar "perradas" adquirirá. No debe extrañarle al lector que su perro vaya aprendiendo a pensar por si solo conforme le pasan los años porque, al fin y al cabo, esas conductas son solo muestras de que su inteligencia es un claro factor positivo de selección.

Les aconsejo que no enseñen a sumar a su perro si no quieren que él aprenda luego, y sin maestro, a multiplicar. Pero si lo que quieren es poseer un animal listo, vayan haciéndose a la idea de que cogerán sarna e incluso, les gustará aunque pique...¡Todo es cuestión de tiempo!

 

 

 

D. Antonio Pozuelos J. de Cisneros