Mis perros son aspiradores.

D. Antonio Pozuelos J. de Cisneros  

 

Hemos visto un par de artículos atrás, como puede convertirse un perro en un pobre animal necesitado de un factor clave de supervivencia; el deseo de acceder a recurso, es decir, de alimentarse.

El problema que nos ocupa ahora, es el inverso. Truco o Kika "depredan" todo lo que se pone a su alcance. En principio, este comportamiento es más llevadero que la inapetencia pero, no deja de ser una molestia para los dueños que observan cómo desaparecen sus viandas de forma "inexplicable".

Debo decir que para que un perro sea considerado como "socialmente correcto", antes hemos tenido que enseñarle a comportarse y eso conlleva el que todos, antes o después, hayan hecho una faena. De esta falta de control en el comportamiento trófico, participamos todos los mamíferos, incluidos los humanos. Uno de mis primos, cuando tenía un año de vida, se tragó literalmente una tripa de chorizo entera.

Como su dentición no era muy correcta y su pequeño estómago no estaba muy acostumbrado a tamaña digestión, termino en Urgencias con el diagnóstico de empachera y acidosis. Dos meses mas tarde, dio buena cuenta de un plato de garbanzos propiedad de su perro Wolf y de una lata de comida del gato. Hoy, pasado su periodo infantil y juvenil, se le puede llevar a un restaurante sin peligro de que acabe con la comida del cliente vecino.

Los perros no entienden de ayuno, abstinencia ni de cualquier costumbre que los humanos nos imponemos empujados por la educación, creencias o ética. Ellos entienden que hay que comer hoy y, mañana... ¡Dios dirá!

Son capaces de "inventar" añagazas que incluso llegan a sorprendernos a los que tenemos una inteligencia superior. La perra de mi hijo, Terra, tiene por sobrenombre "Carpanta" en honor a un personaje de un cómic español de los años sesenta. Este hombre parecía vivir acompañado de un hambre endémica -como la buena de Terra-, y se las ingeniaba para tragar cualquier cosa que se pusiese a su alcance y, además, quedar bien.

Mi perra espera a que todos estén comiendo en su plato, para lanzar unos ladridos de los del tipo "territorio invadido". A continuación, sale disparada hacia cualquier punto del chalet. El resto de la manada, guiada por Roco, corren hacia el supuesto punto de penetración mientras ella da la vuelta, come todo lo que puede de los demás platos y pone cara de santa, cuando los otros vuelven a su comida sin percatarse de que ha sido mermada por la inteligente depredadora.

Estas y otras curiosas conductas solo pueden ser desarrolladas por especímenes adaptados y evolucionados ya que, el comportamiento de comer hoy por si mañana falta, es exponente de una alta capacidad adaptativa.

Los perros de trabajo, a los que nunca les falta hambre y que comen una sola vez al día, suelen comportarse como aspiradoras a la hora de alimentarse. Quizás se deba a que, estos perros, son elegidos entre los especímenes más completos en cuanto a cantidad y calidad de conductas instintivas o innatas.

Conozco a un buen adiestrador que vive retirado en el monte y cuya forma de vida es algo anárquica. Uno de sus perros, un Pastor alemán de la línea Checa, es lo que solemos llamar un "busca vidas" y aguanta sin rechistar la anarquía de su dueño a la hora de alimentarlo. El animal no parecía adelgazar sino todo lo contrario. Esto nos hizo formular hipótesis de cómo conseguía recurso sin que su amo advirtiese ni siquiera, un asalto al saco de pienso.

Un buen día, mientras tomábamos café, la predicción de que el animal "depredaba" fuera del territorio, se confirmó y materializó en forma de factura que el criador de cerdos, de una granja cercana, entregó al dueño del disciplinado can. Según él y, ante sus propios ojos, el perro había apresado por el cuello a un lechoncito bien cebado, saltado la alambrada, de más de un metro y había desaparecido con la presa en la boca. Los siete u ocho kilos del cerdito le habían bastado para alimentarse durante tres días. Al cabo de tres meses, se le exigió al dueño el pago de otra factura. Esta vez era un cabrito.

Nuestro buen amigo hizo propósito de enmienda y alimentó al perro a diario y sin olvidos pero, la conducta de predación adquirida durante años, no ha sido erradicada. Si no se cierra bajo tres llaves el saco de pienso, el perro es capaz de comerse cuatro kilos de una sentada. Frente a este comportamiento, solo existe un método efectivo; el adiestramiento exhaustivo en el rechazo de alimentos y aún así...

Kika se come las deposiciones de Truco

Esta conducta es la causante de un buen número de consultas al especialista. Se llama Coprofagia y molesta más al humano que al perro que la practica. Las hembras la presentan en mayor porcentaje que los machos y puede ser atribuida a la conducta de ingestión de heces y orina que la madre realiza, hasta las seis semanas de vida de sus cachorros. En ese periodo, esta ingesta de materia no alimenticia por parte de la hembra, lejos de catalogarse como conducta anómala, es el resultado de un excelente instinto maternal ya referido en artículos anteriores.

Cuando la Coprofagia se realiza fuera de ese periodo maternal o por machos adultos, sí puede considerarse una conducta anómala. Aunque es muy difícil que se deba a una causa orgánica, es necesario descartarla mediante una visita al veterinario ya que, una simple deficiencia nutricional, puede ser la responsable de esta indeseada conducta. Algunas veces, puede aparecer como resultado de un reforzamiento de este comportamiento realizado inconscientemente por el propietario.

Decía antes que, esta conducta, molesta más al humano que al perro y me refería a que, para el animal, no suele ser perjudicial siempre que no ingiera heces de otro espécimen infectado de parásitos.

Algunos autores se inclinan a aumentar el número de comidas diarias hasta tres o a proporcionarle una dieta rica en fibras, de tal forma que el animal sienta constantemente, la sensación de hartazgo en vez de la de hambre.

Otros son partidarios del proceso contrario, es decir, hacerle sentir al animal más sensación de hambre después de realizar una conducta coprófaga. Para ello, se le suministra una buena dosis de un emético cada vez que coma heces. Cuando el animal vomita lo ingerido, la sensación que se le crea es la opuesta a lo que él buscaba y solo se calmará cuando coma lo que se le sirve en el plato.

Cualquier método de los dos puede funcionar pero realmente, la conducta que tratamos de corregir puede evitarse con un simple condicionamiento del animal en la disciplina de rechazo de alimentos.

La llave de la despensa

El comportamiento trófico del perro le proporciona al amable lector una llave maestra que abre casi todas las puertas de la conducta canina. No se puede usted imaginar lo que, con un buen control en el suministro de comida y agua, se puede conseguir de nuestros amigos. La obtención de recurso es un instinto primario de supervivencia y Truco hará lo que usted quiera con tal de acceder a él. Un gran método de jerarquización es utilizar la comida como elemento de poder. ¡Comerás cuando el Superalfa quiera! ¡Beberás cuando yo decida! ¡Si gruñes cuando alguien se te aproxima al plato, dejarás de alimentarte! ¡Solo cuando yo esté satisfecho, lo estarás tu! ¡Búscame cuando tengas sed! ¿No son los mensajes que, veladamente, nos lanza el dueño de la empresa en la que trabajamos?. ¿No son los mensajes que sin velar, lanza el Jefe de manada, Roco, a mis hembras?.

Algún lector puede intuir algo de autoritarismo en la conducta que preconizo para con nuestro perro. Si es así, he conseguido lo que quería. Me opongo a que Truco sea criado como las ocas de cuyo hígado se obtiene el foie. Usted es muy libre de dar caramelos y cola a su perro pero, en este caso, le está fastidiando el hígado como a la oca del criadero. Si lo que pretende es que su perro "lo quiera mucho", jerarquízelo con la comida y el agua y verá que su amor será infinito y, su devoción por usted, absoluta.

 

 

 

D. Antonio Pozuelos J. de Cisneros