Mi querido adolescente.

D. Antonio Pozuelos J. de Cisneros  

 

Nuestro buen Truco ha comenzado a cambiar la boca de cachorro por la definitiva, sus conductas lúdicas y de exploración son cada vez más intensas, el miedo a lo desconocido hace que sus cerdas dorsales se ericen con frecuencia, ante una situación novedosa y su carácter ya es más que un boceto. ¡Está entrando en su periodo juvenil, es todo un adolescente!.

Todos los humanos que hemos pasado este periodo, lo recordamos como un desastre en cuanto a sentimientos, problemas familiares, cambios morfológicos y aparición de amores no correspondidos. Además, los hombres, en ese periodo echamos la barba, peleamos con los amigos en un lícito intento de competición y nos enfrentamos al sistema legalmente constituido. Las mujeres menos afectadas por la Testosterona y más por la Progesterona, realizan los primeros intentos fallidos de selección sexual, muestran menos impulsos que los hombres de abandonar el territorio y discuten más con sus madres para tratar de subir en el escalafón familiar. Nuestros padres, en esa época, se ven en la obligación de enderezar al "arbolito joven" para evitar que se tuerza y son capaces de darnos el cachete que no nos habían suministrado hasta la fecha. Realmente, nuestra biología de mamífero es la responsable de casi todo el desastre. ¿Por qué no iba a pasar lo mismo con nuestro cachorro de perro?.

Jugando a cazar.

El primer instinto que licitará nuestro perro con más intensidad, será el de la caza. Es lógico si pensamos que depende de ella para obtener recurso, resolver la supervivencia y elevar su tasa de aptitud. Caeríamos en un grave error si pensamos que podemos enseñarle algo en esa materia y pasaría lo mismo si opináramos que, porque sabe hacerlo, no es necesario que se la estimulemos. No olvidemos que es un depredador y que necesita para desarrollar su capacidad psicofísica, aumentar su habilidad venatoria instintiva.

Para ese menester debemos utilizar un trapo de gamuza, una piel de conejo enrollada o un mordedor tierno. Su boca está muy débil como para que le demos tirones y nuestro proceder debe consistir en arrastrar el trapo por el suelo atado a una cuerda y simular que "la presa" está viva. Digo que lo haga por el suelo porque nuestro Truco desciende de cazadores de herbívoros y no de pájaros. Cuando note que está suficientemente motivado, deje que "mate " a la presa y se la lleve ganando, de esta forma, una pequeña batalla que elevará su autoestima de predador. Es muy importante el que, después de este juego, el trapo desaparezca hasta la sesión siguiente. Si realizamos con corrección y a diario este juego, tendremos mucho ganado a la hora de adiestrar a nuestro amigo.

Modelando el instinto de supervivencia.

Si ya come en armonía con los demás miembros de la "manada", caza y respeta las jerarquías, juega y se "codea" con el Superalfa, es el momento de enseñarle a evitar la depredación. En libertad, esta evitación consistiría en medir sus fuerzas antes de entrar en combate, resolver en poco tiempo, si vale la pena enfrentarse o retirarse, desarrollar toda su capacidad de comunicación agonística (1) y finalmente, en correr más que el depredador si decide que este es más fuerte que él. ¿Realmente puedo creer que estoy en condiciones de enseñar todo eso a mi cachorro?. ¡Ni falta que hace!. Todo eso se lo deben explicar los "especialistas", es decir, sus compañeros adultos. He visto a muchas personas que se reúnen para pasear y dar juego a sus perros, evitar el contacto de sus cachorros con otros perros adultos por miedo a que los primeros, sufran una lesión. Excepto algunos individuos especialmente peligrosos o "manipulados", no hay perro adulto capaz de atacar en serio a un cachorro y, mucho menos, de llegar hasta el acto final de agresión. La parafernalia de revolcones, gruñidos y carreras no es más que una lección de socialización interespecífica beneficiosa para el aprendizaje del que, en su día, será un Alfa pero que hoy no es más que un adolescente pretencioso. Recomiendo rotundamente, el socializar a nuestro cachorro con otros perros adultos de cualquier sexo.

Descubriendo el mundo.

Hay quien mantiene la tesis de que un cachorro no debe abandonar el territorio familiar hasta que haya completado el periodo vacunal. Si extrapolamos esa creencia al ser humano, resultaría que los niños, que no acaban esta fase hasta los doce años, no deberían salir a la calle y, mucho menos, ir al colegio o guardería. Yo pienso que, si el calendario de vacunas es el correcto, nuestro cachorro no estará expuesto mas que nuestros propios hijos al contagio de enfermedades.

Debemos enseñar nuestro mundo al buen Truco. Con cuatro meses debe saber cual es el entorno del territorio exterior y acostumbrarse a oler humos de gasolina, asfalto y cualquier agresivo químico. Debe adaptarse al caminar "caprichoso" de los humanos que casi nunca utilizan la línea recta en sus desplazamientos. Los pequeños depredadores humanos tratarán de acariciarlo o lisiarlo, las solícitas hembras adultas le hablarán en tono alto y timbre agudo y los machos viejos le suministrarán una patada si estorban en su camino. Todas esas pruebas, en compañía de su Alfa, son tremendamente beneficiosas para su adaptación al medio. Los bondadosos dueños serán el escudo de estas "agresiones", un escudo que no podrá detenerlas pero si amortiguarlas. Piense el amable lector que su perro tampoco desea vivir en una urna. Necesita desarrollar su aprendizaje súbito (2) y para eso, nada mejor que recibir información mas o menos molesta, de cualquier agente de interacción.

Trate de que su perro, en esta edad, se acostumbre definitivamente a ver en el niño un elemento neutro, a no tenerle miedo, a retirarse delante de él sin perder su autoestima jerárquica, a evadirlo cuando los juegos humanos se conviertan en cacerías violentas, a no ver en él un competidor territorial ni de recurso y, sobre todo, a considerarlo como un pequeño Alfa sin desarrollar. Estas lecciones de convivencia interespecífica solo pueden ser impartidas por un profesor especialista, el niño, cualquier niño.

Los cachorros humanos son más habilidosos que los adultos en el arte de inventar juegos y desastres, su capacidad cognitiva es más alta que la del perro, su resistencia física hace que los estímulos lúdicos se prolonguen el tiempo que sea necesario y, como no, su respuesta a la falta de subordinación, es más rápida y contundente que la de sus padres.

Nuestra única tarea en esta relación es ejercer de árbitros. Nuestra presencia es fundamental y necesaria a la hora de "cortar" el partido impidiendo la lesión de uno de los jugadores y, sobre todo, para decidir el momento de retirar a los equipos impidiendo el desgaste excesivo o la saturación de los contrincantes.

Hace cuatro años observaba el entrenamiento de un perro de raza Pastor belga (Malinois) para competir en el Campeonato del Mundo en la disciplina Mondioring. En la fase de defensa, el perro mordía a los figurantes que se aproximaban al dueño. Al ser dos los agresores, el animal debía decidir a cual atacaba y a cual soltaba para volver a morder, según la distancia que los separaba de su guía. El animal ladraba, mordía y sobre todo, segregaba tanta Adrenalina que casi se podía oler desde donde yo me encontraba. Su estado de excitación era tan alto que le costaba trabajo "oír" a su dueño. En este punto y, en medio del campo de batalla, apareció un niño de tres años armado con un palo de mas envergadura que él. Sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, le propinó al buen perro tal estacazo que partió el palo en dos sobre sus lomos. Después, lo increpó mientras se retiraba indignado hacia su padre que era uno de los figurantes.

No hubo por parte del perro, ninguna reacción de defensa hacia el agresivo cachorro humano. El magnífico ejemplar solo realizó una conducta de agresividad redirigida (3), es decir, se comió literalmente el palo antes de volver a entrar en defensa con los figurantes.

Yo no sabía si se trataba de algo preparado o espontáneo y, cuando pedí que me lo explicaran, el padre del airado cachorro, más asustado que su hijo, me comentó que no era la primera vez que el espontáneo defensor se escapaba y se metía en estos peligrosos trances. Mientras felicitaba al dueño del perro y al padre del niño, me explicaron que ese animal se dejaría tullir a garrotazos por cualquier niño. Su única reacción sería la huida o, en el peor de los casos, la que realizó sometido a la acción de la Adrenalina; una conducta redirigida.

¿Tengo que recordarte la jerarquía?.

Si hemos actuado hasta ahora, con cabeza y paciencia, nuestro animal sabrá exactamente cual es su sitio en el escalafón de la manada. Si por el contrario, nuestra conducta hacia él ha sido tibia o despreocupada, podemos encontrarnos un grave problema alrededor de los cinco meses de vida del cachorro. Por término medio, la fase de jerarquización se va fijando entre los cinco y seis meses a tenor de la raza, del individuo, del sexo y del entorno. En especímenes muy dominantes (sobre todo machos), mal jerarquizados y/o con dueños pusilánimes, se puede presentar la agresividad competitiva (4). En estos casos y, de forma imprevisible, el cachorro lanzará al dueño una comunicación agonística muy bien diseñada para que no quepa duda de que su intención es probar sus fuerzas con el, hasta ahora, líder. La intensidad de la comunicación puede ir desde un ligero gruñido hasta una demostración de colmillos. Si se ignora en ese momento, la siguiente será de más intensidad y así continuará hasta que hayamos perdido el control sobre el perro. Por lo tanto, hay que cortarla de raíz y a la primera. Desgraciadamente, esto es un combate en serio con nuestro buen Truco. Yo no puedo pronunciarme sobre el armamento que debemos utilizar pero debo decir que debe ser el adecuado para producir un efecto de derrota total. Hace diez años pasé un mal rato con uno de mis perros cuando él tenía seis meses. Desde entonces, Roco es el Alfa de la manada canina de mi territorio pero, el Superalfa, su dueño y su amigo, soy yo. Fueron dos minutos malos y diez años de alegría.

Descubriendo su sexualidad.

Un buen día nuestro cachorro, macho o hembra, se nos "engancha" a la pierna y comienza a realizar su paripé sexual. ¡No pasa nada, está sano!. Solo hay que convencerlo para que busque pareja entre los de su especie y no entre los de la nuestra. Un ligero empujón con la rodilla y un ¡Quita! es suficiente para enseñárselo en pocas repeticiones. Por el contrario, no debemos regañarle si lo intenta con otro perro ...¡Ya se encargará él de contárselo! Y lo va a hacer como lo hacían con nosotros en nuestra adolescencia, con una bofetada o con una aceptación. ¿Quién sabe?.

Lo peor de la aceptación es el ridículo que correrá el buen Romeo en sus primeros lances de amor. No se preocupe, todos hemos pasado ese mal periodo obteniendo sanas experiencias. Las hembras alcanzarán su madurez con la primera menstruación o celo (entre los 7 y los 10 meses) y los machos, sobre el año. En esta época, nuestro Don Juan Tenorio nos meterá en otros problemas pero, si ha llegado hasta aquí y en buenas condiciones psicofísicas, debemos felicitarnos. En libertad, solo el 20% de los individuos, según Darwin, llegan a la fase de reproducción y son capaces de dejar copias genéticas.

(1). Las comunicaciones agonísticas son un conjunto de señales especialmente diseñadas para indicar la intención de lucha o defensa. Las más frecuentes son:

  • Erizamiento de las cerdas dorsales.
  • Ladrido ronco o gruñido.
  • Flexión de las extremidades.
  • Posiciones de la cola.

(2). El aprendizaje súbito tiene lugar cuando un perro es capaz de resolver un problema sin recurrir al método de ensayo y error es decir, es capaz de emplear información obtenida en un contexto, para resolver un problema surgido en un contexto diferente. Los adiestradores utilizan, para este concepto, la palabra "Resolución".

(3). La agresividad redirigida se produce cuando el animal lanza su agresividad contra otra persona, animal o cosa en vez de hacerlo hacia lo que le produce esa agresividad. Así, un perro es capaz de morder un palo con el que ha sido golpeado por su dueño ya que no "puede" atacar a su Jefe.

(4). Esta clase de agresividad aparece cuando el perro disputa recurso o escalafón con el humano u otro congénere. Es muy normal en perros dominantes y va unida a la acción de la Testosterona.

 

 

D. Antonio Pozuelos J. de Cisneros