La estrategia del Burgues.

D. Antonio Pozuelos J. de Cisneros  

 

El handicap más grave que se nos presenta a quienes tratamos de aplicar la Etología al perro es que esta noble especie, no solo está humanizada sino que se adapta y evoluciona en un estadío paralelo al de la nuestra. Ellos dan soluciones variables a los problemas de supervivencia y reproducción y, al igual que nosotros, "aprenden" con más rapidez que los demás mamíferos.

Hace unos años realizamos un estudio comparativo entre especies de cánidos libres y los nuestros. Realmente, las predicciones no se cumplían o, por lo menos, no con el margen de fiabilidad que requiere cualquier tipo de experimento. Las variables que aparecían como la Neotenia, la adaptación al nicho trófico, la variación de sus organizaciones jerárquicas y la misma humanización del perro tiraron por tierra el análisis de varianza. Aún así, sería lerdo el pensar que nuestros perros nada tienen que ver con sus antepasados. Si mantienen un 99,8% de su ADN mitocondrial igual al del Lobo también es lógico suponer que su conducta no estará tan lejana de la de su pariente más próximo.

El experimento en cuestión estudiaba las estrategias de lucha del perro doméstico y, aunque las hipótesis no llegaran a cuajar, si pudimos extraer una generalidad coincidente con la teoría de Maynards Smith publicada en 1978. Este etólogo, después de observar a los individuos en libertad, definió dos tipos de conductas o estrategias de lucha, la del Gavilán y la de la Paloma. La primera consiste en pelear siempre y la segunda en exhibirse a ver si cuela y si no, retirarse. Asignó a una herida un coste y a un display de exhibición, otro coste muy inferior. Aplicó a su modelo matemático una matriz y llegó a la siguiente conclusión:

O en una población hay individuos que siempre se comportan como gavilán y otros como paloma, o el mismo individuo lo hace siete veces como gavilán y cinco como paloma.

Si lo extrapolamos a nuestros perros deberíamos encontrarnos con individuos que siempre están dispuestos a pelear incluso con el humano extraño y otros, que por más grave que sea la agresión, solo aciertan a ladrar antes de escapar o esconderse debajo de su dueño. La solución de actuar siete veces de una forma y cinco de otra es muy compleja y Smith dedujo que debería haber otra, la del Burgués que consiste en que un individuo se portará como gavilán cuando sea el dueño del recurso o territorio y como paloma cuando sea el intruso. Esto es mucho más lógico y al aplicar la matriz a esta nueva conducta, llegó a la conclusión de que, en una población en la que existan las tres estrategias, siempre vencerá la del burgués.

Analicemos a nuestros perros sin entrar en la manipulación a la que se somete un perro de competición deportiva. Este mundo aparte de apasionante, es una escuela de habilidades humanas en las que el perro condicionado, debe morder a un traje o manga y distinguir entre "buenos y malos".

Hay perros sin tocar que, al testarlos de jóvenes cara a su posible dedicación a defensa o guarda, parecen licitar siempre conductas agresivas hacia el figurante y otros que, cuando chasquea el látigo, toman las de Villadiego o, si no pueden, se esconden tras el dueño. Para muchos adiestradores, los buenos son los primeros y los otros desechables. Si obviamos el contexto de la agresión, el lugar, la edad del cachorro, el estado de su boca, la conducta del dueño, la capacidad de administrar la comunicación agonística del figurante, el estrés, el territorio y muchas otras variables, nos estamos cargando la posibilidad de encontrar un perro burgués y, precisamente ese es el que necesitamos.

¿Alguien puede creer que un buen perro es aquel que muerde a la primera comunicación aversiva?. Los que piensen así deben recordar que nuestros niños son artistas en comunicaciones agonísticas perreras y, no por ello, reos de mordida a manos del Gavilán.

¿Acaso es un excelente animal el que hace el paripé, ladra y realiza el display de sujetarme, que lo mato?. Cuando vienen los palos dejan al dueño vendido y toman el camino del monte. Me acuerdo cuando hace años vimos un perro adulto comiéndose la tapicería del coche de su amo cada vez que nos acercábamos. Realmente daba miedo la guarda que hacía el buen gavilán. Cuando le abrimos la puerta, la buena paloma se fue como alma que lleva el diablo abandonando vida y hacienda.

¿Nos quedamos entonces, con el burgués que actúa como gavilán cuando están en juego sus amos, progenie, hembra o territorio y, como paloma, cuando lo que se juega es la retirada ante un indefenso cachorro humano?. Yo, particularmente, sí.

En libertad, el cánido que siempre presentase pelea y llegase hasta el final, no duraría mucho. El coste de las heridas es tremendo y, muchas veces lo imposibilitarían para cazar o defenderse anulando, de esta forma, su eficacia genética. Por otro lado el que ladra y si no cuela, se retira, podría mantener en precario, su eficacia pero, su éxito sexual y acceso a recurso se verían tan mermados que, en pocas generaciones, desaparecerían sus genes. Este concepto es la propia adaptación del individuo y el motor de la Evolución. Si nosotros podemos conseguir que nuestro amigo sea un burgués adaptado, ¿por qué conformarnos con otro?.

 

 

D. Antonio Pozuelos J. de Cisneros